El día a día de la empresa hace que se haga complejo el tener que recurrir a un despacho de abogados. La contratación de un servicio jurídico puede parecernos un gasto superfluo, algo así como un seguro para unas catástrofes que nunca llegan, pero la realidad es distinta.
Vivimos en un mundo en el que redactar mal una cláusula puede llegar a costarnos miles de euros. De igual manera, las redes sociales lo que consiguen es amplificar cualquier clase de disputa y las normativas europeas no siempre son conocidas por las empresas. Por este motivo, un despacho de abogados no es un lujo; hablamos de una necesidad de carácter estructural.
La situación de las pymes españolas
En la pequeña y mediana empresa de nuestro país se llega a generar buena parte del empleo privado. Muchas de ellas no fracasan por no tener buen producto o mercado, sino por muchos tropiezos que se dan a nivel legal. Desde Despacho Calero, experimentados abogados nos comentan que a diario ven que hay muchos contratos ambiguos, reclamaciones a nivel laboral, inspecciones fiscales o disputas con las administraciones.
Los despachos especializados lo que hacen es actuar como si de un escudo preventivo se tratase y sirven de timón en las crisis. No consiste solo en la defensa en los juicios, que es el final de la cadena; hablamos de poder anticiparse, negociando y blindando el negocio desde un principio.
El contrato que lo cambia todo
Los contratos son básicos. Nos pueden parecer papeles rutinarios los acuerdos de compraventa, pactos con proveedores o contratos laborales, pero lo cierto es que si ponemos mal una coma, hay una cláusula de penalizaciones indefinida o poca previsión en cuanto a los incumplimientos, al final, esto deriva en una serie de litigios caros y extensos.
No me olvido de un caso de una mediana empresa de logística de León que firmó un contrato de transporte internacional sin haber acudido a un asesoramiento. Lo que ocurrió es que el proveedor extranjero alegó fuerza mayor debido a un retraso que se produjo en el puerto de Algeciras y la pyme se quedó con la mercancía parada y unas pérdidas por valor de 200.000 euros. Lo que habría hecho un abogado que tuviese experiencia en derecho mercantil es incluir garantías alternativas, seguros de carga y jurisdicciones claras. Al final se acabó recurriendo a un despacho, pero el daño estaba hecho; hubo mes de juicio y costas judiciales que casi acababan hundiéndoles. Un despacho de calidad no se encarga solo de redactar, sino también de prevenir, revisando alianzas, fusiones y también subcontratas.
Vivimos en la era del teletrabajo y de los nómadas digitales, donde puede asesorar sobre los contratos híbridos, cláusulas de confidencialidad en el caso de datos remotos o pactos de no competencia. En España existe una gran tradición de litigios, por lo que todo ello puede marcar las diferencias entre crecer y estancarse como empresa.
El problema laboral
Un área en la que hay un gran aporte por parte de los despachos es en lo laboral. Hubo reformas en 2021 y las prórrogas lo que han hecho es complicar el panorama. Hablamos de ERTEs , despidos objetivos, convenios sectoriales y teletrabajo regulado. Una compañía con 50 trabajadores puede acabar enfrentándose en cualquier momento a una inspección laboral, a una demanda por horas extras o a conflictos colectivos.
Piensa, por ejemplo, en una startup tecnológica en Valencia que tenga un equipo dinámico y joven. En su plantilla, uno de los programadores más brillantes se va y reclama una serie de incentivos no pactados debido a “horas extras virtuales”. Al no tener un contrato blindado, donde estén presentes el registro horario, la definición de funciones y una política de bonus, la empresa pierde en conciliación y se ve obligada a pagar indemnización. Un despacho que esté especializado en estos temas habría hecho lo que habría hecho: diseñar desde un comienzo un manual laboral adaptado, donde hubiese cláusulas antirrotación y una serie de planes de igualdad obligatorios.
Como bien sabes, vivimos tiempos donde la inflación es protagonista y hay subidas del SMI, por lo que la negociación de convenios o la gestión de excedencias es algo que precisa de tacto. En este sentido, los abogados no solo defienden en los juicios, sino que también tienen una acción de mediación, evitando las escaladas y formando a gerentes en prevención de riesgos. Conviene no olvidar que un despido mal ejecutado no solo va a costar dinero, lo que hace es manchar la reputación de la empresa.
Fiscalidad: el arte de no pagar de más
Sin duda alguna, la Agencia Tributaria es implacable. Ahora hay un gran aumento del negocio por parte del comercio online, donde el IVA intracomunitario, las criptomonedas y los fondos europeos Next Generation han hecho que las empresas acaben navegando en multitud de deducciones, incentivos y trampas en lo fiscal. Un despacho con expertos fiscales no solamente se encarga de declarar el Impuesto de Sociedades o preparar el modelo 347, lo consigue optimizar todo. Un ejemplo claro, lo tenemos en las pymes que tienen acceso a los avales ICO o subvenciones para digitalización que precisan de contar con un compliance impecable.
El que haya errores en la amortización de los activos o a la hora de aplicar el 100% de la deducción por I+D+i supone la posibilidad de que haya miles de euros que se devuelvan con recargo. En el caso de que llegue una inspección, los abogados saben cómo presentar alegaciones, solicitar aplazamientos o hasta cómo se impugnan las liquidaciones ante los tribunales.
Protección de datos y ciberseguridad: el nuevo frente
El Régimen General de Protección de Datos lo que ha hecho es transformar la realidad de las empresas. Piensa que una brecha en los datos no es solamente una multa de hasta 20 millones de euros, hablamos de un escándalo público. Las pymes tienen recursos limitados y pueden ser el blanco sencillo de phishing, por ejemplo. Si se tiene un despacho especializado en protección de datos, es posible hacer auditorías, redactar políticas de privacidad y entrenar al personal.
Recientemente, una cadena de hostelería sevillana tuvo que padecer un ataque cibernético que causó la exposición de datos de sus clientes. Esto hizo que la AEPD impusiese 80.000 euros de multa por no contar con un delegado de protección. Si hubiese contado con un abogado, se habría evitado todo esto.
Vivimos la era de la IA generativa y del big data, donde estos despachos también se encargan del asesoramiento en materia de ética digital. En este sentido, la utilización de ChatGPT en las campañas que se hacen, las cookies en los sitios web o la videovigilancia en las oficinas no es algo del futuro, hablamos del cumplimiento de las normas actuales hoy.
Litigios y mediación: cuando se hace necesario pelear
No podemos prevenirlo todo; hablamos de competencia desleal, impagos a clientes o patentes robadas que precisan de acción judicial. Los despachos con solera están especializados en lo mercantil, la propiedad intelectual y en la ley concursal. Pueden ser de gran ayuda de cara a acelerar los cobros. Lo que hace la mediación que fuera impulsada por la ley del año 2012, es otra arma. Con ella se evitan los juicios largos y ayuda a que se preserven las relaciones comerciales. Un letrado sabe bien cuándo es necesario negociar y comenzar a litigar, puesto que tiene unas tasas de éxito, por lo general, del 70% en las conciliaciones.
Internacionalización: un mundo sin fronteras
Estamos ahora en un momento en el que las empresas precisan contar con despachos que tengan una visión global, puesto que muchas exportaciones en España se hacen a países de la UE y también a LATAM. Todo ello hace que sea necesario en muchos casos asesoramiento en Incoterms, aduanas post-Brexit, la doble imposición o contratos entre China y España. Puede haber un error en un acuerdo con un proveedor de origen marroquí que acabe por paralizar la cadena de suministro.
¿Cómo elegir un buen despacho?
Debes saber que no vale con cualquier abogado; lo mejor es que busques a profesionales especializados en tu sector. Una buena política es revisar los casos que se hayan ganado, los ratios de éxito y si cuentan con auditorías gratuitas iniciales. Las empresas familiares, tan habituales en nuestro país, precisan de sucesión blindada, pactos parasociales o holdings. Si cuentas con un letrado de confianza, puedes evitar gerencias litigiosas.
El coste de no tenerlo
El que se haga una auditoría legal al año suele costar un mes de sueldo medio. Sin que se realice, un despido múltiple o una inspección tributaria puede costar 50.000 euros o más. Las empresas que apuestan por los despachos externos suelen tener un crecimiento del orden de un 25% más veloz, como dicen estudios de la CEOE. No hablamos de casualidades, la certeza jurídica es importante.
Debemos hablar de un aliado estratégico, no de un gasto
En nuestro país la burocracia es por desgracia todavía bastante pesada, por lo que el trabajo de un despacho puede agilizar mucho las cosas. Se digitalizan los poderes, se gestionan los registros telemáticos y se anticipan las reformas que puedan producirse.